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La marcha de los pinguinos

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La producción de la National Geographic, llamada 'La travesía del emperador', ha sido un éxito de taquilla mundial.

Cuando la auxiliar de vuelo anunció que la única película que se emitiría en el trayecto de seis horas desde Miami hasta Los Ángeles, sería un documental con el nombre poco atrayente de La marcha de los pingüinos, la mayoría de los pasajeros del avión cabeceó en señal de aburrimiento y se giró sobre la almohada con la convicción de que aquel sería el somnífero perfecto para calmar el ajetreo entre aeropuertos.

Pero los problemas de sueño, en una silla estrecha de avión, suelen aparecer sin remedio. Resignados, muchos alzaron la vista a la pantalla ubicada sobre un pasillo blanco, y se dejaron llevar por la única opción que quedaba. 


El inicio del documental francés no auguraba nada emotivo, salvo la posibilidad de ver cómo las grandes aves se atragantaban con festines de peces. El paisaje era repetitivo: las gélidas temperaturas de la Antártida y el blanquísimo hielo como único color, salpicado por un grupo numeroso de pingüinos como protagonistas de la cinta, con la voz del actor Morgan Freeman en el papel de narrador. 


Pero entonces, como el hielo, todo se quiebra.


En el mismísimo infierno


En la hora y 20 minutos de este filme en el que el ser humano nunca aparece, y en el que la lucha contra el más brutal invierno se convierte en algo secundario, el espectador no puede, es incapaz realmente, de quitar los ojos de la pantalla. 


Porque lo que el documental ofrece no es una historia de pingüinos emperador, sino una de las más heróicas batallas de ser vivo alguno por salvar la vida de sus polluelos, y una cinta que sobrecoge porque no narra otra cosa que pura y helada realidad.


Cuando inicia el otoño, los pingüinos emperador caminan hacia el interior del hielo, donde todos nacen, para repetir el ciclo de la reproducción. 


Cada pareja se escoge con minucia. Y no es por capricho, sino porque cuando la hembra pone su huevo, el macho será el encargado de empollarlo entre sus patas con una delicadeza suprema. 


Si el huevo llega a caer o a recibir el viento helado a varios grados bajo cero por más de unos segundos, todo el esfuerzo será en vano.


A partir del momento en que los machos comienzan a cuidar los huevos, las hembras regresan a buscar alimento, en medio del crudo invierno, y caminan por meses hasta hallar el mar que se ha replegado por el hielo. De su búsqueda depende la supervivencia del polluelo cuando regrese.


Una historia de amor


Los machos permanecen, mientras tanto, a la espera, de pie, casi sin moverse, agolpados entre todos para que las tormentas de nieve no afecten a los huevos, en total oscuridad, sin comer ni beber, y son ellos los que reciben a los pequeños cuando nacen y los que les dan el primer alimento, con lo último que les queda de las fuerzas, mientras cuentan los minutos para que sus madres aparezcan y salven a los pingüinos.


Este electrizante relato, simple en su estructura y complejo en su realización, fue filmado bajo las peores condiciones climáticas por un grupo de cineastas franceses, apoyados por la National Geographic, durante 14 meses, y llegó al punto de derrotar a La guerra de los mundos, del soberano rey de la taquilla, Steven Spielberg. 


El director francés Luc Jacquet y su equipo logra descubrir la belleza en medio de la aridez del hielo y rescatar "una historia de amor" (así dice Freeman, el narrador), de la casi absoluta soledad. 


Y, de paso, logró despertar a los pasajeros adormilados del avión que habían dado la espalda a los pingüinos, vencer en taquilla a monstruos del documental como Bowling for Columbine, de Michael Moore, que alcanzó 22 millones de dólares (ver recuadro) y ganar premios. Y va en camino de más. Ya La marcha de los pingüinos está entre los 15 aspirantes al Oscar como mejor documental. 


Aún si no gana, ya venció algo más duro que el hielo de la Antártida: el escepticismo.

El documental ‘La marcha de los pinguinos’ y el lanzamiento del iPod para video, son dos de los momentos más importantes para el cine y la televisión de todo el 2005, según indicó el Instituto Cinematográfico de Estados Unidos (AFI). "La popularidad de los DVD se vio reflejada en la disminución de gente a las salas de cine", añadió.


También señaló que la cinta sobre pingüinos tiene un mensaje universal: "La necesidad de formar parte de una comunidad en la todos se cuidan entre sí''.

Arrollador en la taquilla

La cinta fue estrenada sin bombo en cuatro salas de Estados Unidos el 26 de junio de 2005. Con un presupuesto de 8 millones de dólares, apenas recaudó 137 mil dólares en su estreno. Pero el voz a voz fue tan intenso que dos semanas después alcanzaba los 745 mil dólares, y ya los medios tuvieron que volcar su atención sobre esta cinta. La última medición, el 27 de noviembre, daba una taquilla de 77 millones de dólares, solo en E.U., sin contar con las gigantescas ventas en Francia o Reino Unido.

 

 

 

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